lunes, 17 de abril de 2023

Reflexiones sobre "Los nuevos caminos de la Historia Oral en América Latina"

[Reseña escrita el 12 de noviembre del 2013]

La destacada historiadora mexicana Eugenia Meyer tituló así la ponencia expuesta en la Conferencia Internacional de Historia Oral que se desarrolló en la Universidad de Columbia (Nueva York) entre el 18 y 23 de octubre de 1994.

En la exposición realizó un balance sobre el desempeño de la Historia Oral y cómo esta se desenvolvía en América Latina destacando las temáticas que hasta ese momento se estudiaban. Después de su lectura elaboro las siguientes reflexiones y ensayo propuestas de temas a investigar desde esta, aún novedosa (en nuestro medio académico), metodología de la ciencia histórica. La concepción tradicional-positivista del siglo XIX estuvo muy arraigada en los historiadores buena cantidad de décadas del siglo XX; esta priorizaba una historia de grandes acontecimientos, las biografías de grandes personajes – de las clases dominantes – y el estudio del Poder que ejercían en determinadas épocas. En el aspecto metodológico, santificaba (y santifica) el documento escrito como única fuente de información válida y que había que transcribir literalmente el contenido para alcanzar la ansiada “objetividad”. Tales presupuestos han sido notablemente cuestionados y superados desde el Materialismo Histórico y la escuela de Annales en el siglo XX. En las universidades peruanas esta concepción estuvo muy arraigada hasta no hace muchos años atrás e incluso me atrevo a decir que actualmente existen rezagos. Hoy las investigaciones pueden ser muy novedosas en cuanto a las problemáticas tratadas, pero en lo metodológico sobrevive la descripción y el relato tal cual de las fuentes. Aún se sigue aceptando la dictadura de las fuentes escritas, pues imponen la investigación a realizar puesto que la hacen “viable”.

Las décadas del sesenta y setenta significaron una renovación de las formas de hacer historia (Burke), la ciencia histórica vivió grandes cambios, siendo algunos de ellos la ampliación de sus materias primas y la amplitud de sus temáticas como, por ejemplo, la introducción de la vida cotidiana y su problematización vinculado a los procesos de larga duración. A todo ese movimiento se le denominó Nueva Historia.

La Historia Oral es parte de esa Nueva Historia. Ella nació en los sesenta y se desarrolló en los setenta como una forma de activismo político, se convirtió en una forma de investigación militante, nos dice la historiadora Meyer. Se ha dado a las clases populares el sitio que les corresponde: los obreros, los campesinos, la pequeña burguesía y  a todos aquellos sujetos anónimos casi inexistentes para la historiografía tradicional. Fueron valorados como protagonistas de la historia. Sus recuerdos expresados en testimonios orales fueron rescatados, pues las clases populares por lo general no dejan registro escrito de sus vidas, de sus luchas y sentimientos. La Historia Oral buscó y sigue buscando una Historia Total.

Su principal interés es el conocimiento de la “historia próxima” – también llamada “historia reciente” – por ello la preocupación de proveerse de diversas fuentes y entre ellas los testimonios de las personas que vivieron directa o indirectamente determinados acontecimientos. La Historia Oral está muy relacionada a la Historia Social. Esta realizó la historia de los sindicatos teniendo como objetivo desarrollar en los trabajadores entrevistados conciencia histórica-política y que se reconozcan como sujetos de cambio. En el caso de la República Argentina podemos encontrar investigaciones de este tipo, especialmente los desarrollados por Pablo Pozzi.

En América Latina la memoria colectiva es una fuente para escribir los episodios tal vez más duros y complejos de la historia social y política, como las dictaduras militares, la violencia política. En Perú, por ejemplo, el conflicto armado interno ha sido estudiado de una manera unilateral, no se han escuchado todas las voces, al sector vencido se le ha ignorado intencionalmente, ha sido condenado a un silencio total de dar su versión de los motivos de su alzamiento en armas. Esas voces del pasado (Joutard) vivas en el presente deben ser recobradas, estudiadas y tal proceso debe ser reinterpretado, pues se debe incluir a todos los actores del hecho político más estremecedor de nuestra historia republicana.

En América Latina la Historia Oral no trata sólo hacer la historia de los “marginados” (conceptualización que se tenía de las clases populares hace décadas); el nuevo rostro de las ciudades latinoamericanas y la población urbana necesita ser escuchada ya que ella preserva orígenes y afianza identidades. Aquí la antropología y la Historia Oral deben marchar juntas para alcanzar un conocimiento lo más objetivo posible (pues lo subjetivo está presente en todo acto). Los barrios de las ciudades, los ex conos de Lima formados en un contexto de migraciones de mediados del siglo XX son estudiados por la antropología y la sociología. Pero ya no son los únicos que se dedican a ello, ya son varios los historiadores que se atreven a investigar historias urbanas como la de San Martín de Porres, San Juan de Miraflores, entre otras.

Actualmente la historia oral es aceptada, válida en el quehacer del historiador. Se ha ganado el derecho a participar en eventos internacionales. Aquí en el Perú falta impulsarlo y desarrollarlo. En San Marcos una generación de jóvenes investigadores, estudiantes y egresados, se han interesado por la historia reciente y desde luego por la metodología que ha dado frutos en otras partes de América Latina. 

 

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